¿Radio 3?
No es el Día de los Santos Inocentes. Quieren, dicen, acabar con Radio 3.
La diputada ‘heavy’
Nunca hubiera apostado por Rosa Díez como la diputada heavy. Scorpions estuvo, esta semana, en Madrid y Díez estuvo allí. Siempre me ha parecido una plasmación de la vida misma que los grupos de música heavy suelan hacer las mejores baladas, las más melancólicas, las más pop. Solo hay que volver a escuchar Wind of Change para comprobarlo.
O preguntárselo al David del Congreso, a la espera de que el otro Goliat se despierte.
60 x 70
Este viernes, durante más de cinco horas, los 7.000 asistentes al Festival 60×70 disfrutaron de la mejor música de los años 60 y 70. Un festival con fines benéficos -la ONG Carumanda podrá construir una escuela en Ecuador gracias al éxito de la convocatoria- con derroche de recuerdos de unos años en los que grupos como Los Sírex, Los Mustang o Los Mismos triunfaban en las salas de baile de toda España.
El festival, que no concierto, como bien aclaró el periodista Albert Castillón, que ejerció de maestro de ceremonia, estuvo dividido en dos grandes partes. Una primera, dedicada a los 60; y la segunda en la que el revival triunfó por encima de cualquier cosa.
Simeonov y Saad, en el Palau de la Música
Es la primera vez que vuelvo a casa con las manos rojas. Pasadas las doce y media de la noche, ya domingo, salíamos del Palau de la Música. Rolando Saad, a la guitarra, y Svilen Simeonov, al frente de la Sinfonietta de Sofía -la fotografía muestra el escenario al finalizar el concierto-, han conseguido que los asistentes al ‘Tributo a la Guitarra Española’ se cansaran de aplaudir. Mamá me lloran los ojos, le decía la niña, de no más de 12 años, sentada detrás mío.
Empezar con la Obertura de El Barbero de Sevilla, de Rossini, siempre es sinónimo de sensaciones en la epidermis. Más aún cuando la caja de resonancia es el Palau de la Música, casi lleno. Simeonov se despachó a gusto durante las más de dos horas. Saltos, brincos, intensidad, braceo airoso de las extremidades, exigencia a los violinistas… Solo Saad, con la Fantasía para un Gentilhombre, de Rodrigo; la Sonatina, de Moreno Torroba; y el Concierto de Aranjuez, de Rodrigo, pudo escaparse de la fuerza del director búlgaro. El argentino sabe que la obra más popular de Rodrigo “es una de las pocas obras que ha conseguido romper los límites del mundo clásico”, y él lo demuestra cada vez que se sube al escenario.
La música sinfónica -clásica, según los convencionalismos- no está hecha para el compacto, pese a ser la mejor oferta para poder disfrutar de ella en todo lugar. Por ejemplo: Carmen, de Bizet, obra estrenada en 1875, es una de las más bellas y agresivas a la vez, en directo. El drama, sin palabras, se convierte en tragedia aunque solo sea por las emociones que suscita.
Por cierto, cuando los artistas -a Simeonov se le vio eufórico- regalan cuatro piezas en los bises es que la simbiosis escenario-público es una realidad.

