Desde el próximo 1 de enero de 2012 no se podrán celebrar corridas de toros -con la muerte final del animal o sin ella, como se hace actualmente en Portugal- en Cataluña, según ha decidido el Parlamento autonómico por 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones. Los diputados autonómicos de ERC e ICV-EUiA votaron en bloque a favor de la prohibición de las corridas; PP y Ciudadanos, en contra de la prohibición; CiU y PSC dieron libertad de votos a sus representantes. Anna Bosch, corresponsal de TVE en Londres, resumía perfectamente lo que ha pasado mediáticamente antes, durante y, sobre todo, después de la votación: “Si quieres que arda la centralita, pon a debate las cacas de los perros o los toros”.
1) No ha sido un debate animalista. O no solo. Lo pudo ser en su origen, con la presentación de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que contó con 180.000 firmas -un 2% de la población de Cataluña-, pero en cuanto entró en el Parlamento de Cataluña se corrigió el texto para salvar de la prohibición los correbous de Tarragona. Pero no solo eso. Tal y como apunta el profesor de Filosofía de la UNED Gregorio Luri: “Hoy es inmoral todo lo que molesta a una visión del mundo caracterizada por su ceguera selectiva”. Es decir, la reforma de la norma aprobada ayer -que no es más que sumar un epígrafe específico para las corridas de toros (y eliminar el epígrafe excepcional) a la ley que establece unas condiciones mínimas para los animales- no prohíbe la pesca deportiva donde, por ejemplo, se mata a los peces por el mero placer de verlos cómo mueren asfixiados:
f. Las corridas de toros y los espectáculos con toros que incluyan la muerte del animal y la aplicación de las suertes de la pica, las banderillas y el estoque, y también los espectáculos taurinos de cualquier modalidad que tengan lugar dentro o fuera de las plazas de toros, excepto las fiestas con toros o bueyes a que se refiere el apartado 2 [los correbous].
Tampoco prohíbe -¡cómo podría hacerlo!- la elaboración de paté, es decir, de la pasta comestible, untable, hecha a base de carne o hígado, generalmente de cerdo o aves. Y, por lo tanto, no prohíbe su elaboración. ¡Ni el pollo a l’ast o pollo asado! No ha sido, entonces, un debate animalista.
2) No ha sido un debate identitario. O no solo. De haber sido así, ni uno solo de los diputados autonómicos de CiU hubiera votado a favor de mantener las corridas de toros en Cataluña. Barcelona ha sido la única ciudad del mundo con tres plazas de toros en activo al mismo tiempo. Es, actualmente, al menos hasta el 1 de enero de 2012, una de las nueve plazas de primera en España y todos los toreros quieren pisar el albero durante la temporada. Pero es que la tauromaquia, en su sentido más amplio, es una tradición originaria del Mediterráneo. La historia de muchos pueblos de Tarragona no se entiende sin la tradición, la costumbre, la empresa y el día a día alrededor de los toros, antes y ahora. No parece pues que los 13 -seis abstenciones y siete en contra- diputados autonómicos nacionalistas que no han apoyado la prohibición de las corridas se hayan transformado en furibundos españolistas. Otra cosa ha sido ERC. Joan Puigcercós, presidente de los independentistas y candidato a presidir la Generalidad tras las elecciones de otoño, lo ha dejado escrito en su blog: los catalanes somos diferentes y hemos de marcar paquete. Es más, no esconde (probablemente de forma inconsciente) el objetivo de su voto confirmando la teoría del profesor Luri: “La tortura y la muerte en la plaza pública habrá dejado de ser un espectáculo en nuestra casa”. La muerte y la tortura seguirán, pero no como espectáculo. No ha sido, entonces, un debate identitario.
3) No ha sido un debate ideológico. O no solo. O no entre izquierda y derecha. Y desde luego este es el debate más evidente. La prohibición no tiene nada que ver con ser de derechas, ser de izquierdas, de centro o mediopensionista. Por más que algunos pretendan sacar pecho para atacar al PP o mezclen churras con merinas. A algunos les gustaría que los presidentes de Castilla-La Mancha o Andalucía fueran conservadores, pero tanto Barreda como Griñán han sido dos de los políticos más críticos con la decisión del Parlamento de Cataluña y son -al menos, de momento- dirigentes socialistas. También se ha manifestado muy duro el cineasta Díaz Yanes. Como lo fue el cantante Calamaro. Todos, personajes progresistas. Sí, posiblemente el PP quiera llevarse una parte del electorado del PSOE en este tema. Puede ser. Pero eso tendrán que hablarlo los dirigentes del PSOE en Ferraz con el PSC. Díaz Yanes lo ha dejado dicho: “Una gran culpa [de la prohibición] la tiene el PSC”. El promotor de la prohibición de las corridas en Canarias es ahora dirigente del PP. No ha sido, entonces, un debate ideológico entre la izquierda y la derecha.
4) Sí ha sido un debate político. O casi. En el plano político, la gran vencedora es ICV-EUiA. Podrá venderlo durante las próximas semanas (electorales) como un éxito. ERC lo tendrá más complicado pues su presencia en Tarragona es mayor. Pero desde luego -dejando a un lado el desgaste, uno más, que supondrá para el PSC- el gran gol ha sido del PACMA, partido extraparlamentario que como caballo de Troya ha sabido jugar sus bazas. De hecho, la que ayer defendió la ILP desde el estrado del Parlamento autonómico, Anna Mulà Arribas, fue en las listas del partido abolicionista, de número seis, en las últimas elecciones. Otro caso, el del representante más mediático de la plataforma impulsora de la ILP, un argentino, Leonardo Anselmi, ha sido asesor político del representante de ICV en la Eurocámara, Raül Romeva. Por lo tanto, el debate fue político desde el primer momento.
5) No tiene nada que ver con las Canarias. O casi nada. Efectivamente. En 1991, el Parlamento de las Canarias prohibió (Ley 8/1991, de 30 de abril, de protección de los animales, Artículo 5.1) los festejos en los que se utilizaban “animales” y otras actividades “que conlleven maltrato, crueldad o sufrimiento” de los mismos. Eso sí, la hipocresía que ha rodeado el debate político en Cataluña ya se plasmó en las islas españolas del Atlántico: la misma ley, vendida como de protección a los animales, permite en su artículo 5.2 que sí se programen y realicen “peleas de gallos en aquellas localidades en que tradicionalmente se hayan venido celebrando”. Es decir, la ley canaria prohíbe la muerte del toro (y del resto de animales) pero no la muerte del gallo, tras la correspondiente venta/compra de la entrada del espectáculo. Además, en las Canarias, ya en 1991, hacía años que no se celebraban corridas de toros, una diferencia notable con Cataluña, donde, a duras penas eso sí, todavía se celebran corridas. Por lo tanto la única similitud entre ambas CCAA es la hipocresía de los políticos -en las Canarias, por cierto, impulsado por un representante actualmente del PP- a la hora de equiparar ambas normas. La siguiente en prohibir las corridas podría ser Baleares, donde tampoco se llevan a cabo corridas de toros. Por lo tanto, nada tiene que ver la decisión en Cataluña con la de las Islas Canarias.
No ha sido solo uno de estos temas los que ha llevado al Parlamento autonómico de Cataluña prohibir las corridas de toros. Ni siquiera la absurda (y demagógica) reivindicación de derechos para los animales equiparándolos (¡equiparándolos!) a los derechos de las personas. Ni el de la libertad de las personas a hacer lo que nos dé la gana. ¡Liberticidas, liberticidas! Y, sin embargo, ha sido un poco de cada uno de ellos.


Qué le vamos a hacer. El niño 



