El blog de Daniel Tercero

Todo se lo debo a ellos

“Ya nadie quiere la panadería”

“Ya nadie quiere la panadería”. No es una cuestión de dinero, ni de prestigio, ni de rentabilidad, ni de sociabilidad. Nadie quiere un trabajo tan esclavo como el de un horno de elaboración propia. Sin horarios, sin festivos, sin onanismos. Paradójicamente, produciendo un pan de calidad, a diferencia del habitual en las grandes ciudades. Milagros elabora el pan en Sarria (Lugo) como nadie. Lo hace ella sola, desde que Eliseo se fue para siempre, siendo aún joven para la tarea de la muerte, acción y oficio para la que nadie nunca, en vida, obtiene graduación suficiente. Ella sola con la ayuda de sus hijos en tareas de reparto y apoyo en días festivos y horas intempestivas, en las que la jefa recarga fuerzas para una jornada más.

Milagros no es pobre pues una panadería, la mejor en Sarria, da dinero para vivir con los lujos de un pueblo y las necesidades de una ciudad bien cubiertos. La de ella y la de sus hijos, con un nieto ya y otro en camino, que no les faltó de nada. Y, sin embargo, no encuentra comprador. Ni tan siquiera inquilino que apueste por el negocio, que lo es. Panes miles y empanadas a destajo, especialidades gallegas a todo ritmo que morirán al cruzar la esquina.

“Ya nadie quiere la panadería”, me dijo hace unos días. Hoy hemos comido con ella, con dos de sus hijos y su nieto. De esas comidas de casi cinco horas. Impagables. Ninguno de los cuatro seguirá con el negocio paterno de elaborar el pan y llevarlo a hoteles, albergues, restaurantes y a cualquiera que lo desease y lo pagase a precio de pueblo. Esto, pese a lo que pueda parecer, es una victoria del tándem Eliseo-Milagros, que han vencido siempre juntos al negocio, dejando riqueza a sus vástagos y dándoles a estos una educación y una formación que ya querrían para sí muchos de los fardones homenots de ciudad. El pan de calidad, el mejor, se perderá.

Leyendas urbanas

Sería a finales de los ochenta, sin duda, porque no fue antes de escuchar la cinta del doble en directo ¡A por ellos…! Que son pocos y cobardes. Fue, también sin duda, en casa de Luis Ángel, en Salamanca, en casa de mis tíos. Entonces éramos niños que simulábamos ser adolescentes como nuestros hermanos. Un cigarro a escondidas durante el paseo de Teddy, comernos el mundo en la ficción de la niñez y soñar con todas las chicas -ellas, sí- que pasaban por delante y sabíamos sus nombres.

Escuchar a Loquillo y Trogloditas es recordar aquellos veranos, el tupé de mi primo -por el que murió-, el seiscientos de mi tía, la libertad de los meses entre un curso escolar y otro. Seguramente, habrán sido decenas de noches las que compartí habitación con Luis Ángel, hace ya casi veinte años, y sin embargo, recuerdo perfectamente la noche en la que -yo, asustadísimo por el riesgo a que mis tíos entraran en cualquier momento- cantamos las canciones del Loco y su banda, con un paquete de Lucky Strike sobre la cama: “Ten cuidado con la ceniza, Dani”, y me enseñaba los comics que hacía en sus ratos libres. Era el mejor.

El nuevo vecino ilustre del barrio me ha facilitado el documental Loquillo. Leyenda urbana que no es más que un cóctel de realidad con los ingredientes básicos: Barcelona, música, drogas, relaciones personales y egos, todo muy agitado por Loquillo. En un país normal, probablemente, José María Sanz y Sabino Méndez recibirían, si no lo hubieran hecho ya, premios y reconocimientos públicos por una carrera musical que ha marcado a una generación. En un país normal.

Biblioteca Antonio Tercero

Este sábado se inaugura la Biblioteca Antonio Tercero en Miajadas. Desde el alcalde, Antonio Díaz (PSOE), al concejal de Educación y Cultura, Daniel Lemos (IU), pasando por todos y cada uno de los enlaces con y en Barcelona, amigos todos, hay que agradecerles que la biblioteca personal de mi padre esté a buen recaudo en el edificio civil más importante de los miajadeños: el Palacio Obispo Solís. Miajadas, corazón de Extremadura, en el camino de Trujillo a Mérida.

EUROPA PRESS: El Complejo Cultural Palacio Obispo Solís de Miajadas (Cáceres) se inaugura con diversas actividades

No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.