La clave del retoque fotográfico (manipulación o cortar/pegar, en lenguaje moderno) está en el lugar en que situamos la línea roja imaginada infranqueable. Como en tantos otros temas, la discusión estriba en el lugar exacto en donde encontramos o situamos la línea que jamás debemos cruzar. Así, la última polémica periodística creada al descubrirse la manipulación que se había hecho desde El Mundo con dos fotografías (dejándolas en una, de portada) del acto del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en Rodiezmo pone encima de la mesa los distintos pareceres en los medios de comunicación respecto a este tema.
El pasado lunes 7 de septiembre la portada de El Mundo llegaba a los quioscos y ordenadores con una fotografía de Zapatero cantando la Internacional y acompañado, entre otros, de la ministra Bibiana Aído y la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, a un lado y Alfonso Guerra, ex vicepresidente del Gobierno, al otro. Al día siguiente, El Confidencial Digital informaba de que la fotografía había sido manipulada y que en realidad se trataba de la fusión de ‘dos instantáneas de la agencia Reuters’. Manipulación, desde luego, pero ¿con qué intención? ¿Se quería mostrar la realidad que no se había fotografiado en una sola imagen fija? ¿Se quería poner de manifiesto la centralidad visual de Zapatero mientras sus compañeros de escena cantaban puño en alto?
Parece evidente que en el pie de la fotografía de portada (la resultante del corta/pega de las dos originales de Reuters) se debería haber advertido al lector que esa imagen, pese a ser una situación real, no se había fotografiado tal cual. Es aquí donde la presunción de inocencia de El Mundo pierde toda su fuerza. ¿Por qué no lo advirtieron?
La manipulación fotográfica ha existido siempre y, de hecho, se acepta hoy sin excesivos problemas ni protestas en determinados ámbitos periodísticos. A saber, por ejemplo, en las revistas de moda o eróticas. No es noticia y es vox pópuli que las actrices y modelos que posan para las más variadas revistas del corazón o la moda sufren un lavado de imagen en los ordenadores previo paso por la imprenta. ¿Es esto, entonces, una manipulación fotográfica a denunciar? ¿Se quiere o no se quiere alterar la realidad? ¿Alteró la realidad la fotografía de portada de El Mundo?
Hay una diferencia, probablemente, entre este tipo de fotografías y las que sí pretenden alterar la realidad, modificando (manipulando) la imagen tomada. Se ha divulgado con cierta notoriedad en internet los casos que se llevaron a cabo durante el régimen de la Unión Soviética. Pero no ha sido, evidentemente, el único caso: ¿qué tal unos michelines de menos? ¿Qué tal si me quitas ese sudor sobacal del vestido? ¿Por qué no me abres esos ojos? En estos casos sí que hay una intención evidente de cambiar algo sucedido con un fin concreto: mejorar la imagen de un presidente o un dictador en el caso de Franco, por ejemplo.
Pero la modificación o manipulación de la imagen fija se realiza a diario, con intención o involuntariamente. ¿Por qué escogemos una imagen y no otra de un hecho concreto para una publicación? ¿Por qué recortamos la fotografía de un acto y ampliamos a uno de sus protagonistas? En septiembre de 2008, El País publicó una fotografía acompañando la noticia del comunicado de todos los portavoces de los partidos políticos del Congreso tras un atentado de ETA rechazando y condenando esta barbarie. ¿Fue casual que la diputada de UPyD -así como las de NaBai y CC- no apareciera en la imagen estando presente en el momento de la toma de la fotografía? ¿Es esto manipulación o es edición y entonces está justificado?
En agosto de 2006 el fotoperiodista de Reuters Adnan Hajj decidió que un bombardeo del Ejército de Israel sobre Beirut había dejado poca humareda en la imagen tomada con su cámara y, tras el paso de la fotografía por el correspondiente ordenador, el humo lo convirtió en denso humo y de un color mucho más oscuro. ¿Manipulación? ¿Acaso cambió la realidad la imagen retocada de Hajj?
El tema se las trae. ¿Aceptamos cualquier tipo de manipulación fotográfica que no altere lo sucedido en la realidad? Entonces, ¿la fotografía de portada de El Mundo cambió en algo la realidad de Rodiezmo? Pero, ¿por qué no dejar que la fotografía capte y reproduzca lo que ve el fotoperiodista sin cambio o alteración alguna posterior? En cualquiera de los casos, la modificación, alteración o retoque debe ser advertido al lector de manera explícita y con total transparencia. Esto siempre.