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Barraycoa: “El nacionalismo sabe que necesita generar odio contra España”
Javier Barraycoa es un profesor universitario barcelonés que ha puesto negro sobre blanco las contradicciones del nacionalismo actual en un libro que desmonta los mitos defendidos por el catalanismo político a nivel histórico. En realidad, Barraycoa destapa historias, desde la anécdota a la categoría, que no se conocen ni se divulgan en Cataluña. No, al menos, en los libros escolares, ni en los foros políticos. El libro está siendo un éxito de ventas. Se lee cómodamente y está enfocado a la divulgación de la historia.
Historias ocultadas del nacionalismo catalán (Libros Libres, 2011) no será libro de cabecera de los políticos nacionalistas, pero lo leerán. El vicerrector de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona y profesor en la Universidad de Barcelona, autor de varios libros desmitificadores de dogmas de la sociedad actual, plantea en esta obra más de 200 historias ocultadas por el establishment catalán. Desde la financiación de Mussolini a Macià para invadir Cataluña, al apoyo político y económico de destacados nacionalistas para que Franco ganara la Guerra Civil, pasando por la historia del presidente de la Generalidad Lluís Companys, que pasó buena parte de su vida con absoluta carencia del sentimiento nacionalista.

La obra del barcelonés Javier Barraycoa está siendo un éxito de ventas en toda España, sobre todo en Cataluña y la Comunidad Valenciana.
Más de dos centenares de historias y mitos incuestionables en Cataluña sobre los que se apoyan ciertas teorías y reivindicaciones políticas en la actualidad. Barraycoa siente una cierta melancolía de épocas en las que, entre intelectuales, se discutía y se respondían unos a otros con libros y manifiestos. No espera respuesta alguna a su libro. Quizás, porque no pueda haberla. El autor del libro ha charlado con LA VOZ DE BARCELONA sobre la historia de Cataluña, la actualidad política y algunos mitos del futuro.
¿Por qué un libro como este?
Principalmente, por la sorpresa de ver cómo en 30 años ha cambiado toda la sociedad catalana y he sido testigo de primera mano. El libro arranca por una experiencia con un amigo nacionalista que, tras discutir mucho de historia de Cataluña y darse cuenta que yo sabía mucha más historia de Cataluña que él -lo cuento en el libro-, me afirmó que el nacionalismo no tiene nada que ver con la historia, que es una pura actitud, una pura voluntad y, por lo tanto, no necesita de la historia. El libro es para recordar que sí tenemos que recurrir a la historia de Cataluña porque si no nunca entenderemos lo que es Cataluña.
Cuando se refiere al nacionalismo, ¿se refiere al actual? ¿El nacionalismo actual marca distancias con la historia?
Actualmente, es un discurso que funciona solo, es como un autómata. Es una ideología que pone en marcha, curiosamente, un círculo conservador en Cataluña liderado por Prat de la Riba, porque el catalanismo previo a este no era nacionalista y, de hecho, originariamente la palabra catalanista servía para definir a un historiador de lo catalán: gente muy tradicional, gente muy sensata, gente que se sentía española… y los catalanistas de izquierdas consideraban, todos, que la nación era España. El primero que crea la idea de nacionalismo es un conservador de derechas y pone en marcha una ideología que con el tiempo ni siquiera ellos mismos pueden controlar. El paso de la Lliga a la aparición de ERC es el paso del catalanismo conservador político a un catalanismo que ya se les ha escapado de las manos y es otra ideología que la toma la izquierda. Y actualmente pasa lo mismo.
Macià, Companys y Tarradellas, por ejemplo, ¿son mitos vistos desde 2011?
Sí, hay una clara mitología sobre estos personajes. Todo nacionalismo necesita crear un imaginario colectivo y necesita crear unos ídolos. Muy pocos catalanistas o nacionalistas saben que Macià había sido un militar españolista y monárquico, que cambia de actitud… esto pasa en muchos catalanistas de los primeros años, que no eran nacionalistas, pero de golpe cambian de opción en muchas veces por cuestiones personales. En el libro defiendo que hay algo de psicológico en el catalanismo. Muchos catalanistas, después, se pasan al españolismo, como Eugeni d’Ors, Valls-Taberner… es una especie de religión, conversos, herejes, separaciones, peleas…
Cuando habla del tema psicológico, ¿se refiere a la obra de Oliver Brachfeld Los sentimientos de inferioridad, que cita en su libro?
Sí, hay una contradicción en el discurso nacionalista, que un autor como Brachfeld lo pone incluso como ejemplo de la psicología del perfil del complejo de inferioridad, que muchas veces necesita manifestarse como mucho más de lo que es. Esto genera, en el discurso catalanista, una contradicción muy fuerte: Cataluña -y todos los catalanistas al principio políticos hacen este discurso- somos una raza superior casi aria, de orígenes arios, nos conectamos más con Europa que con el resto de España que son moros, son semitas, etc., por lo tanto somos los más avanzados, somos los mejores, pero siempre hemos estado dominados por Castilla. ¿Cómo resuelves la contradicción: si somos mejores, cómo nos dominan los inferiores? De aquí el complejo de inferioridad.
Uno de los argumentos con los que responde el nacionalismo político catalán es que también hay un nacionalismo español. ¿Si el nacionalismo catalán tiene complejo de inferioridad, todos los países tienen complejo de inferioridad, es decir, también el supuesto nacionalismo español?
No. Es cierto que hubo un intento de crear un nacionalismo español, pero, curiosamente, fue por parte de la izquierda. En el siglo XIX, los liberales querían crear un Estado centralista y necesitaban crear un imaginario colectivo de la nación española y recurren a que esto empieza en 1812, con la Constitución de Cádiz, sin necesidad de contemplar la historia anterior. Pero el imaginario y el nacionalismo español siempre ha sido más débil en su construcción. Esto se explica por las guerras civiles del siglo XIX que impidieron que este Estado centralista se consolidara como en Francia, Italia, Alemania, etc. El nacionalismo español nunca ha tenido tanta fuerza. Tiene menos de místico que el nacionalismo catalán.
¿Qué papel juega la cultura en el nacionalismo catalán?
Es fundamental. En el libro lo explico. Algunos catalanistas se dieron cuenta -incluso Prat de la Riba lo dice- de que la lengua es un arma política pero tenían conciencia de que ni el catalán se iba a perder ni hicieron muchos esfuerzos en publicar en catalán. En cambio, con el tiempo, dentro de la creación del mito, la lengua y la cultura han tomado fuerza. Es algo muy potente porque la lengua es el puente entre el catalanismo ideológico racista y el catalanismo actual. Me explico: durante 30 años defendieron el discurso racista potente, tenemos un hueso en la cabeza especial (doctor Robert), pero hay un momento en el que este discurso deja de funcionar, tras la II Guerra Mundial, ya que se hunde el discurso racista en toda Europa. Y defienden que, ya que no son raza, se han de definir por el idioma. Esto es lo que pregona Jordi Pujol: si conseguimos que la gente hable en catalán los haremos catalanistas. Ya no es salvar la lengua por salvarla sino que se convierte en un instrumento político incluso de transformación mental.
¿Están consiguiendo esto?
Sí, claro, claro… tenemos indicios de ello. Por ejemplo, las políticas de la Generalidad desde hace años de fomentar inmigración magrebí y no de Hispanoamérica es porque tienen la esperanza de que puedan catalanizar más fácil a un no castellanoparlante que a un castellanoparlante. La lógica de la utilización de la lengua como transformación mental sigue vigente.
En el libro habla de la lengua catalana durante el franquismo…
Sí, se utiliza el concepto genocidio cultural… cualquiera que hubiera vivido en ese tiempo sabe que no se prohibió hablar una lengua al pueblo. Hubo editoriales, revistas, premios y certánemes de poesía y literatura, hubo teatro… El catalán fue una lengua muy viva durante el franquismo. E incluso tuvo un apoyo legal al final del franquismo cuando se introdujo como lengua vehicular para primaria en las escuelas. Se ha creado un gran mito sobre la persecución.
¿Por qué se ha creado este mito?
La presión sobre el uso del catalán fue de más a menos. Al principio del franquismo, el catalán se asoció a la lengua de los republicanos y de los separatistas. Pero esto duró como mucho cinco años, luego la presión fue aflojando y el catalán pudo prosperar. Si se censuraba algo no era, generalmente, porque estuviera en catalán sino porque el contenido solía ir contra el franquismo. Pero ahora hay que reforzar el mito catalanista. Y esto ocurre a partir de la Transición: de una resistencia prácticamente inexistente del catalanismo, porque la resistencia al franquismo la hicieron los anarquistas y los comunistas, se intentó sacar réditos políticos durante la Transición y poder exigir la autonomía en Cataluña. Se creó el gran mito de la persecución del catalán, pero hay miles de libros escritos en catalán editados durante el franquismo.
¿Será Jordi Pujol uno de los mitos del nacionalismo?
Claro. A Pujol ya lo están preparando para que sea el siguiente mito, el siguiente presidente de la Generalidad. Le harán, casi, casi un funeral de Esatdo, como lo hicieron con Prat de la Riba. Es una especie de patriarca. Nos lo quieren presentar como el patriarca de la nueva Cataluña. Lo que en su momento fue Torras i Bages, el patriarca espiritual, ahora Pujol ya se va configurando como el gran patriarca con su descendiente y todo, como es Oriol Pujol, que controlará el partido. Jordi Pujol lo ha hecho muy bien porque ha sido fiel a Prat de la Riba: siendo conservador entendió que la lógica del nacionalismo consistía en no posicionarse ideológicamente, es decir, sacrificar su espíritu conservador por la nación; y esto significó ir asumiendo todo tipo de propuestas del nacionalismo de izquierdas. Esto ya lo hizo Prat de la Riba.
Es decir, ¿se puede ser nacionalista y de izquierdas?
Ahora sí, pero en su época era contradictorio. Incluso en los manifiestos fundacionales de la banda terrorista Terra Lliure se expone que la independencia para ellos no era el fin, no era una finalidad política, sino que era un instrumento para una revolución internacional. En los discursos de izquierdas siempre primaba la idea del internacionalismo, y el nacionalismo era una característica ideológica burguesa. Esta es la perversión del nacionalismo actual, la fusión de conceptos contradictorios.
¿Y serán mitos Maragall y Montilla?
No. A Montilla ya le están llegando los puyazos para que no lo sea: le acusan de traidor por ir al Senado de España. Y Maragall, al contrario que Pujol, no tuvo claro nunca lo que quería. Ha sido un personaje demasiado contradictorio y poco coherente. No pasará a la historia. De hecho, se acaba de celebrar el centenario del aniversario del nacimiento de su abuelo, el poeta Maragall, y aquí nadie ha dicho nada. Se ha vivido un silencio sepulcral.
¿Por qué permite el Estado que se creen estos mitos que son, en principio, contra el Estado y fomentan el odio contra este? ¿Ocurre esto en otros países?
El modelo nacionalista catalán se puede dar en varios sitios. Pero la diferencia es que en España el Estado ha sido débil comparativamente y la burguesía catalana ha sido muy potente. Esto le ha permitido enfrentarse al Estado. Ya lo dice Prat de la Riba cuando escribe la historia del nacionalismo, que viene a decir: teníamos una dualidad, una contradicción, sentirnos catalanes y españoles, pero para seguir avanzando en el catalanismo tuvimos que aprender a odiar lo español, a odiar a España. El propio nacionalismo sabe que necesita generar odio y este es el leitmotiv. Lo que en un principio era un amor a Cataluña se transformó en odiar a España.
En el libro apunta que la especialidad del nacionalismo es crear el problema para, luego, dar la solución. ¿Es lo que practica CiU en el Congreso? ¿Es el hilo conductor del nacionalismo desde sus inicios?
Sí. Hay varios analistas del nacionalismo de principios del siglo XX que ya descubren esta táctica. La primera mentira era hacer creer a los catalanes que los castellanos nos odiaban, y así, nosotros odiaríamos a los castellanos. Era crear la dialéctica del odio. Pero Cambó era muy consciente -lo explica en sus memorias- de que esto era una forma de conseguir una serie de beneficios para Cataluña, y de hecho no se lo creían mucho. La Lliga, que no se llama catalanista porque no le gustaba a nadie, reúne a muchos empresarios y burgueses del textil y se convierte en un instrumento político de presión, pero no se creían el catalanismo. Como mucho un pequeño grupo de jóvenes reunidos en el Centre Escolar Catalanista, que van creando la ideología del nacionalismo, eso sí, con el dinero de la burguesía.
Sin embargo, durante el franquismo la burguesía catalanista colabora con el Estado, y actualmente CiU es un apoyo a cualquier Gobierno, ya sea del PP o del PSOE.
Cuando la Lliga se veía en la tesitura de tener que escoger entre ser de derechas o catalanista, prefería ser de derechas. Hay bombas, atentados… prefieren el orden, prefieren a Primo de Rivera, prefieren a Franco, lo que sea. Hay algo en el catalanismo actual que todavía piensa así y se mueve en estos parámetros, pero no todo. El día que sean más nacionalistas que conservadores promoverán una ruptura.
¿Cree posible una ruptura de Cataluña del resto de España?
Sería la ruina absoluta de Cataluña, sería una desgracia. Lo saben. Tienen estudios. Lo ha dicho Mas hace poco recordando que le gustaría que la dependencia al resto de España fuera solo del 5%, pero actualmente es del 80%. Saben que en la situación actual una ruptura sería un fracaso. Sueñan con lo que han definido como un divorcio amistoso: estamos en el espacio europeo, tenemos el euro, libre comercio, frontera abierta, España nos acepta en Europa… pero claro, esto no ocurriría nunca. El Gobierno no permitiría que Cataluña entrara en el euro, y tendríamos que volver a la peseta. Sería una situación agónica. Además, en Europa no hay nadie que quiera romper las fronteras. Aunque, otra cosa sería que estallara Europa, ya que los nacionalismos siempre surgen tras las guerras, por ejemplo. Pero en el escenario actual, Europa no está para aventuras secesionistas.
¿Qué libros recomienda para conocer más la realidad histórica de Cataluña y entender lo que es la Comunidad?
Un libro que muy pocos catalanistas o nacionalistas han leído es el de Torras i Bages: La tradició catalana. ¿Por qué? Porque da una visión de lo que tiene que ser Cataluña, con sus más y sus menos, porque Torras i Bages cuando lo escribe es muy joven. Es un libro en el que, por ejemplo, critica a los que cantan canciones en castellano pero, salvo en algunas cosas muy circunstanciales, el resto del libro es una reflexión muy profunda sobre la esencia de Cataluña. También hay que leer La nacionalitat catalana, de Prat de la Riba. La gente se llevaría muchas sorpresas cuando Prat de la Riba acaba la obra afirmando que España es un Estado, compuesto de muchas nacionalidades, y que Cataluña ha de liderar estas nacionalidades para construir un imperio y llegar al progreso. Es una proclama de un imperio español. Quiere reconstruir el imperio español que finaliza en 1898, y surge de una frustración de la fallida del imperio. Lo curioso es que este libro sea el punto fundacional del nacionalismo catalán.
¿Qué personajes olvidados y no mitificados destacaría de la historia de Cataluña?
Hombre, clarísimamente Eugeni d’Ors y Josep Pla, por ejemplo. Gente que son catalanistas, conservadores y de derechas, pero que ven el catalanismo como una expresión del regionalismo. Cuando se dieron cuenta de que el catalanismo se estaba convirtiendo en un monstruo se desdicieron. Otro personaje fundamental es Antonio María Alcover. Es el gran filólogo catalán que es traicionado por Prat de la Riba para imponer el catalán artificial y falso de Pompeyo Fabra. Sí, Pompeyo, porque nunca firmó como Pompeu, y siempre lo hizo como Pompeyo. Otro sería Duran y Bas, que tiene una obra regionalista y, sin embargo, se cree que es una obra nacionalista. Hay muchos autores interesantes pero no interesa que se conozcan. No son mitos para los nacionalistas.
Acabamos. ¿La publicación del libro le ha supuesto algún problema profesional en Cataluña?
Cara a cara, no. Pero indirectamente, sí. Se me ha acusado de ser un catalán traidor, un botifler, pero la táctica del nacionalismo siempre es, primero, ocultar, silenciar… de momento estamos en esta etapa. Lo que pasa es que mi libro está teniendo un éxito de ventas indudable. Por otro lado, estoy teniendo mucho apoyo de entidades cívicas y de muchos lectores. Curiosamente, muchas felicitaciones me están llegando de Valencia.
¿Habrá una segunda parte del libro, con más mitos o más estudio sobre el nacionalismo catalán?
Tiene que haberla. Creo que el nacionalismo catalán todavía no está bien estudiado. Hay que estudiar más el catalanismo durante el franquismo y durante la Transición española. Nos llevaríamos muchas sorpresas. En muchos pueblos de Cataluña, durante el franquismo, los que dominaban el establishment acaban siendo los que siguen controlando los pueblos en democracia. Por ejemplo, el padre de Àngel Colom, ex líder de ERC y ahora en CiU, fue el alcalde franquista de su pueblo.
Unamuno, independentista catalán
Aparece una correspondencia de Miguel de Unamuno a Manuel Azaña. El vasco le escribe al alcalaíno que considera ‘justo’ que Cataluña se convierta en un ‘Estado absolutamente independiente’. Estamos en la Navidad de 1918:
‘Me preparé por lo menos las bases de la reunión de la nación española y la catalana ya que Cataluña ha de acabar, y muy pronto, por separarse del todo del Reino de España y constituirse en Estado absolutamente independiente. Justo es, pues, que España pierda ahora Cataluña. Y la perderá, no me cabe duda de que la perderá. La federación no es más que una hoja de parra’.
Estas cartas, que ha adquirido el Ministerio de Cultura y están todas dirigidas (no solo las del filósofo vasco) al que fuera presidente de la II República, se convertirán en el nuevo leitmotiv del nacionalismo catalán. No sería de extrañar, incluso, que Unamuno tuviera una calle en Barcelona (mejorando la actual plaza del extrarradio e igualándolo a su paisano Sabino Arana, bien situado en el barrio alto de la ciudad) y empezaran los honores institucionales. Así se crean lo mitos. Algo más difícil será que se lea al que fuera rector de la Universidad de Salamanca. Y más aún que se estudien su obra y biografía.
Y esto último no se hará -y menos en Cataluña- porque entonces habría que coger el diario de sesiones del Congreso de los Diputados de 1931 y recordar la defensa a ultranza que, uno de los más sabios que ha dado la intelectualidad española, hizo de la oficialidad de la lengua española en Cataluña y, sobre todo, la defensa de la libertad frente a la imposición:
“Señores diputados, el texto del proyecto de Constitución hecho por la Comisión dice: ‘El castellano es el idioma oficial de la República, sin perjuicio de los derechos que las leyes del Estado reconocen a las diferentes provincias o regiones’.
Yo debo confesar que no me di cuenta de qué perjuicio podía haber en que fuera el castellano el idioma oficial de la República (acaso esto es traducción del alemán), e hice una primitiva enmienda, que no era exactamente la que después, al acomodarme al juicio de otros, he firmado. En mi primitiva enmienda decía: ‘El castellano es el idioma oficial de la República. Todo ciudadano español tendrá el derecho y el deber de conocerlo, sin que se le pueda imponer ni prohibir el uso de ningún otro’. Pero por una porción de razones vinimos a convenir en la redacción que últimamente se dió a la enmienda, y que es ésta: ‘El español es el idioma oficial de la República. Todo ciudadano español tiene el deber de saberlo y el derecho de hablarlo. En cada región se podrá declarar cooficial la Lengua de la mayoría de sus habitantes. A nadie se podrá imponer, sin embargo, el uso de ninguna Lengua regional‘.
Entre estas dos cosas puede haber en la práctica alguna contradicción. Yo confieso que no veo muy claro lo de la cooficialidad, pero hay que transigir. Cooficialidad es tan complejo como cosoberanía; hay ‘cos’ de éstos que son muy peligrosos. Pero al decir ‘A nadie se podrá imponer, sin embargo, el uso de ninguna Lengua regional’, se modifica el texto oficial, porque eso quiere decir que ninguna región podrá imponer, no a los de otras regiones, sino a los mismos de ella, el uso de aquella misma Lengua. Mejor dicho, que si se encuentra un paisano mío, un gallego o un catalán que no quiera que se le imponga el uso de su propia Lengua, tiene derecho a que no se les imponga. (Un señor diputado: ¿Y a los notarios?) Dejémonos de eso. Tiene derecho a que no se le imponga. Claro que hay una cosa de convivencia -esto es natural- y de conveniencia; pero esto es distinto; una cosa de imposición. [...]“.
Tony Judt, historiador británico y profesor en la Universidad de Nueva York, cuenta cómo pasa las noches. Judt padece esclerosis lateral amiotrófica y está prácticamente inmovilizado de cuello para abajo. El historiador publicará una serie de reflexiones sobre su vida en estas circunstacias. Hace unos días The New York Review of Books publicó su primer texto, ayer lo hizo El País.
Barcelona en tranvía
Me he imaginado, durante todo el trayecto, como el ciclista dominguero que no fui y el niño al que robaron su tierna infancia callejera con la llegada de la vergüenza. El vídeo, de Ricardo Baños grabado en 1908, es una alegoría mitificada del falso dicho que se resume en un cualquier tiempo pasado fue mejor. Si los defensores de las bicicletas y acérrimos radicales contra cualquier avance motor que pase por Barcelona utilizasen este vídeo [vía Microsiervos]…
Pero, claro, desde entonces -1908- hasta ahora -2008!-, no solo han pasado 100 años. Barcelona también ha sufrido los cambios correspondientes al degradado que han ido acompañando a algunos de los más ilustres alcaldes de Barcelona:
Calle de los Besos
La Calle de los Besos en Barcelona o dels Petons (en catalán):

Una calle propicia para poner en práctica lo que su nombre indica y un callejón sin salida para los enamorados:

Barcelona
Barcelona, hoy (día de niebla y frío):


El Parlamento de Cataluña durante la II República
El Área de Archivo del Parlamento autonómico de Cataluña ha digitalizado (todo en PDF) el Diario de Sesiones de la cámara regional de la II República. La primera acta (elección de la Mesa de la cámara) data del 6 de diciembre de 1932 y la última del 1 de octubre de 1938 (ya en plena Guerra Civil). Entre una y otra fecha se puede comprobar el vacío parlamentario que se vivió en el hemiciclo del Parque de la Ciudadela entre el 5 de octubre de 1934 (el día anterior a que Lluís Companys rompiera el orden republicano legal invocando el Estado Catalán, por el que fue detenido, juzgado y encarcelado) y el 29 de febrero de 1936 (con la lectura del telegrama de Manuel Azaña, presidente del Consejo de Ministros, permitiendo al Parlamento regional volver a realizar su función legislativa tras la suspensión de sus actividades).
El estallido de la Guerra Civil paralizó la actividad del Parlamento de Cataluña del 21 de julio de 1936, sesión prevista el 17 de julio, al 18 de agosto de 1937. En el Diario de Sesiones del 21 de julio (de una sola página) el presidente de la cámara Joan Casanovas dice:
Dadas las circunstancias [el pronunciamiento militar se produjo el 18 de julio] que requieren la máxima atención del Gobierno [regional] y de los señores Diputados de este Parlamento, así como visto el número de Diputados presentes [no cita ni el número ni el nombre], propongo que se levante la sesión, y para la próxima se avisará a domicilio. (Asentimiento). Queda acordado. Para las resoluciones urgentes, esta Presidencia procurará reunir la Diputación Permanente.
En ese mismo documento se han adjuntado tres hojas más anexas. Son las deliberaciones de la Diputación Permanente de la Cámara regional. El mismo 21 de julio toma cinco decisiones de las que cabe destacar tres: (uno) destinar 3 millones de pesetas, ‘para satisfacer una paga extraordinaria’, a los militares que han mantenido fidelidad a la ‘legalidad republicana’; (dos) aprobación de un Decreto-Ley para cubrir los gastos ‘urgentemente requeridos’ por Orden Público; y (tres) mostrar ‘el profundo dolor’ por la muerte del diputado regional Amadeu Colldeforns, que aunque no lo explique el texto de la Diputación Permanente sabemos que falleció el 19 de julio en los enfrentamientos con los sublevados. El resto de decisiones son transferencias de crédito y pagos de sueldos.
La siguiente sesión, 18 de agosto de 1937, se decide que no se volverán a convocar elecciones hasta que ‘no sea vencida la subversión militar fascista’ y a los tres meses de que esto ocurra, obligación que recaía en el presidente de la Generalidad según el artículo 33 del Estatuto Interior de Cataluña.
Badajoz

Foto con el móvil (DTG) a las 21:02 horas.
Kuma: la palabra
La historia se tergiversa a medida que la olvidan los protagonistas. O, para ser más exactos, la historia se enreda cuando desaparecen los protagonistas. Así ocurre en España actualmente. Hay ciertos políticos -que no han abierto un libro de historia desde que dejaron el instituto- que creen que gobernando en el presente (o controlando a los gobiernos actuales) pueden cambiar el pasado. Ya no sólo influir en el futuro sino que cambiar y modificar el pasado a gusto suyo.
Sorprende que ERC proponga en el Parlamento nacional que la sede de la Jefatura Superior de Policía Nacional en Barcelona (sita en Vía Layetana) se convierta en un museo de la represión franquista. Sorprende, sobre todo, porque se omite de forma deliberada las torturas que se cometieron por la policía de la Generalidad, y los anarquistas, antes que la actual sede de la Policía fuese ocupada por las tropas franquistas tras la Guerra Civil.
De esta manera, desde la filas de ERC se intenta borrar la historia de lo que sucedió durante la II República y la Guerra Civil en Barcelona, y tan sólo quieren permitir que se recuerde las torturas de la policía franquista. Si esto no es enredar –por no decir algo malsonante- la historia poco nos queda por hacer a los historiadores.
Donde ahora se encuentra la Jefatura Superior de Policía Nacional en Barcelona es un edificio lleno de habitaciones y calabozos pero no hay, ni hubo, salas de torturas como sí hicieron los nazis en Alemania, Polonia y Austria, por ejemplo. Comparar, nunca, nunca es adecuado, pero en este caso es, además, mal intencionado. Durante la II República el edificio fue ocupado por la policía de la Generalidad y dos de sus máximos dirigentes, Miquel y Josep Badia, hermanos, fueron asesinados por militantes y simpatizantes de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en abril de 1936. Y en agosto de ese mismo año la FAI ocupa el edificio del futuro “museo surrealista de ERC”, donde se empieza a encarcelar y castigar a personas simpatizantes con la derecha (sin distinguir en este caso entre nacionalistas o no). Actos, lógicamente, fuera de la leyes de la República. Tras la Guerra Civil la policía franquista ocupa el edificio y lo utiliza como Prefectura de Barcelona, cometiéndose en él castigos igualmente y encarcelando entre sus paredes a las personas disidentes durante la dictadura.
Así pues, pretender que un edificio de Barcelona, como la actual Jefatura Superior de Policía Nacional, se convierta en un “museo de los horrores”, omitiendo a una parte de los protagonistas, es intentar rescribir la historia. Es, sin tapujos, pretender enseñar a la ciudadanía que unos hechos ocurrieron en un lugar determinado de la ciudad dando a entender implícita, cuando no explícitamente, que no ocurrió nada más en ese lugar poco tiempo antes o poco tiempo después. Esto, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española lo define con una palabra, mentir: decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa; inducir a error; fingir, aparentar; falsificar algo.
En manding, kuma significa la palabra por excelencia, la que no miente, ni tergiversa. Algunos dirigentes nuestros no tienen la palabra kuma en su diccionario personal. Es una lástima, ya que de éstos depende nuestro futuro. Pero por suerte no depende nuestro pasado, que por mucho que lo intenten no podrán rescribir.
Cuán pequeños somos
Fue Luis Pericot, arqueólogo y prehistoriador, quien dijo en algún momento de su dilatada vida (1899-1978) que solamente había dos ciencias que nos hacían tomar conciencia de cuán pequeños somos: la astronomía en el espacio y la prehistoria en el tiempo. Esta última semana se han intercalado en las noticias descubrimientos y acontecimientos que corroboran la proposición planteada por el maestro Pericot. Lo diminutos que somos en el espacio y lo insignificantes que llegamos a ser en el tiempo.
Las imágenes que desde el Discovery y la Estación Espacial Internacional nos han llegado han sido de una belleza indescriptible. Las salidas de los astronautas al espacio exterior han puesto de relieve la soledad que se debe sentir y lo microscópico de uno mismo viendo la Tierra desde las alturas y con el infinito a sus espaldas. Desde un lugar en el que no se distingue entre día y noche, la sensación de cuán pequeños somos debe de penetrar hasta la última célula del más insensible de los humanos.
Las fotografías de los tripulantes del Discovery, paseando por su rededor, con la superficie de la Tierra al fondo, manchada de grandes nubes blancas, marcan –han marcado- un antes y un después en la historia de la humanidad. Cabe recordar, llegado a este punto, que existe una corriente de historiadores que marcan el inicio de una nueva era –en la que todavía nos encontraríamos- con la llegada del hombre a la Luna el 20 de julio de 1969. Por lo que no sería tan descabellado pensar que este viaje del Discovery, y su reparación estando en órbita de la manera que se hizo, fuese un punto importante y a seguir dentro de la historiografía contemporánea.
Pero como la historia es terca, y Pericot fue muy sabio, en la misma semana en la que el hombre se concienciaba de que su existencia en el espacio era minúscula, unos hallazgos en Sudáfrica nos hacían reflexionar, también, sobre nuestra escasa entidad temporal en la historia.
En la revista Science, un grupo de investigadores de la Universidad de Toronto acaban de publicar un artículo donde dan a conocer los hallazgos, en Sudáfrica, de varios huevos con embriones fosilizados de dinosaurios que, según las primeras investigaciones, datan de hace 190 ¡millones de años! Y que los Massospondylus, nombre que recibe el tipo de dinosaurios del hallazgo, en edad adulta llegarían a medir hasta cinco metros de alto.
Para dar mayor fuerza al argumento de Pericot tan sólo hace falta recordar las fechas, aproximadas evidentemente, de la formación de la Tierra (hace 4.500 millones de años), la aparición de los homínidos (hace 4 millones de años) y de la aparición de la escritura (en el III milenio antes de Cristo).
Datos, estos últimos, que confirman cuán pequeños somos al situarnos en la línea temporal de la historia de la humanidad. Y, como bien aseguró don Luis, junto con la astronomía en el espacio, nos hacen tener conciencia de lo irrisorio que somos con respecto al espacio y la vida tan exigua con respecto al tiempo. Es decir, cuán pequeños somos…
Trabucar conceptos
Suele ocurrirle a una gran mayoría de personas, que hablando o escribiendo, confunden el concepto con la extensión cómoda y adoptada de este, lo cual acaba por transformar, o pervertir cuando menos, el significado real del concepto originario. ¿A qué me estoy refiriendo?
En ocasiones, para referirnos al Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que así se denomina, acortamos el término –tanto hablando como escribiendo- hasta el punto que lo reducimos a Gran Bretaña o Inglaterra. Pervirtiendo claramente el lenguaje y su significado. Es evidente que no es lo mismo Gran Bretaña que Reino Unido –término este último único aceptable a la hora de abreviar el nombre real-, ya que el primer término nos sitúa en un plano geográfico y el segundo en una división administrativa (o política). Lo mismo ocurre cuando llamamos ingleses a todos los ciudadanos del Reino Unido, ignorando por completo a los escoceses, galeses o norirlandeses. ¿Acaso podríamos decir que los españoles son los únicos ibéricos? No creo que los portugueses y los andorranos –menos aún los gibraltareños- estuviesen muy de acuerdo, además de no ser cierto, claro.
Algo similar ocurre con el término América. En según qué contexto el escribiente o hablante puede estar refiriéndose al continente americano, en su conjunto, sólo al norte del continente o, sin más, a la nación denominada Estados Unidos de América. E incluso, como le ocurrió recientemente a uno de nuestros ministros, confundir la denominación de los Estados Unidos de América por la de Estados Unidos de Norteamérica. Nombre este último que no corresponde a ninguna nación existente de momento.
Ejemplos como estos podemos encontrar muchos, lamentablemente, como el de asociar –cada vez menos- Rusia con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.). Y, por lo tanto, llamar ruso a un ciudadano ucraniano o lituano, cuando en realidad todos eran soviéticos, pero no todos rusos. Aunque tras la descomposición de la U.R.S.S., a partir de 1991, vamos aprendiendo que no es lo mismo un ruso que un bielorruso.
El uso incorrecto de los términos, definiciones y denominaciones, tanto geográficos y políticos como históricos, que están bien definidos y reglados para que nos podamos entender todos, suele ser algo casi inconsciente y de forma inocente. Pero no siempre. Hay casos en los que la perversión o tergiversación del lenguaje –las palabras que lo forman- es de forma deliberada y con la intención de cambiar su correcto y actual significado. Un ejemplo muy significativo de este último tipo de engaño lingüístico-conceptual es el que utilizan, habitualmente, los políticos para argumentar y legitimar ciertas actitudes y posturas basándose en historias pasadas.
Así, denominar a lo que en un tiempo fue la Corona de Aragón como Corona (¡o Federación!) catalano-aragonesa es, cuando menos, faltar a la verdad. De la misma manera que enfrentar realidades como Galicia y España, como si el primer término no estuviese implícito en el segundo, es trastrocar los conceptos que definen.
Pero cuidado, en realidad, estos últimos dos ejemplos más bien parecen un intento de cambiar la historia en lugar de un error conceptual inocente, lo cual es mucho más grave.
Mentiras a una celebración
Henry Kamen es un prestigioso historiador e hispanista británico, que hace pocos meses publicó su última obra titulada Felipe V: el rey que reinó dos veces, y que en diversas ocasiones ha conseguido irritar al nacionalismo catalán con declaraciones históricas de gran calado. De todas ellas la más clara es la opinión que tiene el historiador de los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 1714 en Barcelona.
El historiador, tras una serie de investigaciones, que no han necesitado ser muy exhaustivas para mostrar hechos reales tal y como sucedieron, ha redactado una serie de acontecimientos que la historia nacionalista-separatista catalana ha ido desfigurando a lo largo del tiempo, principalmente desde finales del siglo XIX, momento en el que se configura el catalanismo, paso previo del actual nacionalismo y que seguramente dará paso a una fuerza separatista radical. Estos acontecimientos que el nacionalismo catalán abandera como fuerza nacional catalana contra las tropas españolas y que tienen en el 11 de septiembre de 1714 su punto de celebración –hay que ser un poco masoquista para celebrar una derrota- como día nacional catalán son hechos de resistencia local, es decir, la resistencia de las tropas del archiduque Carlos y pretendiente al trono real español, no olvidemos esto último, es básicamente en Barcelona y no en toda Cataluña como quieren hacernos ver los perdedores de hoy. Además, la resistencia al ataque borbónico que se lleva a cabo en la ciudad condal tiene una duración de trece meses, con lo cual la fecha del once se septiembre no es más que la fecha de la última derrota, pero ¿por qué no nos recuerdan la fecha del inicio del sitio? O mejor aún, ¿por qué no celebramos durante trece meses el día nacional de Cataluña?
Una de las mayores mentiras que se han contado y se siguen contando, sobre todo por los historiadores y profesores universitarios, es que la guerra fue entre catalanes y españoles. Como si hubiese sido una guerra entre dos naciones o dos estados. Algo que es totalmente falso, ya que la lucha fue entre partidarios del pretendiente borbónico Felipe de Anjou y partidarios del pretendiente Carlos de Austria. Recordemos, nuevamente, que era una guerra civil española, del siglo XVIII, y una guerra civil no es una guerra entre territorios si no que es una guerra entre dos bandos de un mismo territorio. Algo parecido sucede con la guerra civil de 1936 – 1939, los nacionalistas catalanes dicen algo así como que Cataluña perdió la guerra civil y la ganó Franco. Pues vaya falacia. La guerra civil (la del siglo XX sobre todo) la ganan unos y la perdemos todos. Y en el bando borbónico, el que sitiaba Barcelona, encontramos, según el historiador Kamen, a muchos catalanes y muchos de la Corona de Aragón.
Pero esto no es todo, no solo el ejército borbónico tenía contingentes de catalanes, si no que la mitad, aproximadamente, del ejército sitiado estaba compuesto por alemanes. Que siete días antes del 11 de septiembre, el día 4, Rafael Casanova rechazara una rendición digna con Berwick, que estaba al mando de las tropas borbónicas, tampoco se cuenta en las universidades y libros pro-separatistas catalanes. Que las pérdidas de las tropas sitiadas fue de 6000 combatientes, aproximadamente, sí se cuenta, pero que en el otro bando murieron alrededor de 2000 soldados no se cita en ningún sitio. Que entre Casanova y Villarroel no existía buena sintonía lo demuestra la dimisión de este último tras rechazar la propuesta de paz del 4 de septiembre, y no como quieren vendernos ahora los nacionalistas catalanes de que tanto uno como otro son héroes de la patria por la defensa de unos valores, unos sentimientos y una tierra, que realizaron juntamente.
Pero para demostrar, una vez más, que el nacionalismo es obtuso, cerrado e irreal, sólo tenemos que ver el siguiente dato. El héroe de la nación, Rafael Casanova, que defendió casi hasta la muerte su tierra, estaba ya apenas cinco años después en Barcelona, ejerciendo de abogado, viviendo en una casa de gente bien asentada, con dos criados y con numerosas posesiones adquiridas por parte de la familia de su esposa. ¡Qué héroe y cuánto perdió Cataluña! ¡Menuda represión!
Claro que todo esto no lo cuentan los libros -subvencionados- de los estudiantes en las escuelas, los institutos y menos aún, los libros que se recomiendan en las universidades. Tiene que venir un historiador británico a explicarnos nuestra historia, la historia de una guerra civil en el siglo XVIII, una guerra en la que muchos catalanes perdieron pero muchos otros ganaron, igual que el resto de españoles. Una guerra que el nacionalismo catalán cree –o quiere hacernos creer- que perdimos todos los catalanes. Una guerra que perdió el nacionalismo catalán.