‘Los hechos que cuenta este libro son verdaderos’. Así empieza el periodista Braulio García Jaén su Justicia poética con dos hombres que fueron ‘condenados por la cara’. Es importante recordar, durante la lectura de las 380 páginas del libro, que tanto lo primero -hechos verdaderos- como lo segundo -condenados por la cara- son el eje central de una obra que compendia el injusto trato que la justicia española puede ofrecer a dos personas inocentes.
Así es, Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, ambos de nacionalidad marroquí, fueron y son inocentes del delito de varias violaciones -17 el primero, 12 el segundo- cometidas en Cataluña a principios de los años 90. Fueron y son inocentes. Sí. Condenados y dos vidas destrozadas, una ya en otro mundo (Mounib falleció en su celda el 26 de abril de 2000), pero inocentes. No cometieron ni uno solo de los delitos -no solo de violaciones se les acusó- por los que fueron condenados. No solo eso, ni siquiera se pudo demostrar su culpabilidad en los distintos juicios que tuvieron lugar y que los llevaron a la cárcel. Es más, desde junio de 1997 se tienen pruebas del error judicial que se ha cometiendo con Tommouhi y Mounib y, sin embargo, se les mantuvo en prisión (Tommouhi cumplió su condena el 26 de abril de 2009). La justicia no reconoce errores.
García Jaén sintetiza en el magnífico libro, editado por Seix Barral (enero 2010 y Premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano), el calvario sufrido por los dos marroquíes. Pero no el calvario personal y emocional, que no cabe duda. No. García Jaén demuestra, pone encima de la mesa, expone, denuncia negro sobre blanco la injusticia cometida. Hechos. No sentimientos. Quince años de prisión ‘por la cara’ (página 64).
Falló todo. A lo grande, queriendo o sin querer, pero fallaron todos los estamentos que rigen, en teoría, un estado de derecho. El periodismo (lectura especial merece el capítulo 7 dedicado a una ¿información? del caso publicada por La Vanguardia el 16 de noviembre de 1991), los procedimientos en las ruedas de reconocimiento (‘Es una mentira práctica que va confirmando una teórica verdad: la indistinción entre hecho y derecho, cuando la voz de la víctima de delitos sexuales se trata’, página 236), los jueces (esa chulería de Margarita Robles, por ejemplo), los abogados (como Jorge Claret y Pedro J. Pardo que facturaron procedimientos de Tommouhi que no habían llevado ellos, capítulo 29), el fiscal jefe de Cataluña (José María Mena, en julio de 2008: “El ministerio [de Justicia] no tuvo capacidad operativa […] para comparecer concediendo el indulto [… por la] tremenda presión beligerante de quienes estaban apoyando lo que luego ha sido la Ley integral contra la violencia de género”, página 246), el último gobierno del PP, el primero de José Luis Rodríguez Zapatero y su ministro de Justicia (Juan Fernando López Aguilar y la imagen en la que coge del antebrazo, en un aparte, a Arcadi Espada y demuestra su ignorancia sobre el tema) o esas pruebas de ADN (hoy ‘siguen intactas’, página 343) que si bien sus resultados no permiten identificar, lógicamente, al culpable de una violación si pueden exonerar al inocente.
Y con estos mimbres, García Jaén ha realizado una auténtica maravilla de la investigación. De la trazabilidad. Del relato. De los hechos, en definitiva. Y comprobaciones que los que tenían que haberlas realizado no las llevaron a cabo. Y de los nuevos tiempos, sin duda. La mejor manera que encontró para registrar, almacenar, divulgar y trabajar el material que iba recopilando fue la creación de un blog: “Allí iba publicando las grabaciones de las entrevistas, facsímiles judiciales, fotos, todo. Era necesario para darme un soporte respetable, porque no trabajaba para ningún medio”, ha dicho García Jaén en una entrevista reciente. Así es.
El lunes 15 de febero colgaba en su blog el último encuentro que ha mantenido con Tommouhi, para entregarle el primer ejemplar que la editorial le había facilitado al autor (“se lo he prometido”). “Cuenta su historia”, ha escrito en el blog. “Veinte años después”, ha respondido Tommouhi. Los hechos que cuenta este libro son verdaderos: fueron condenados sin una sola prueba.


