Manel Gozalbo

La incompleción de las noticias, su superficialidad, revela por un lado el desparpajo con que la prensa online desaprovecha una de las características más felices de la Internet, que es la de poner al alcance de unos pocos clics toda la información de fondo posible sobre los más variopintos asuntos, y por el otro subraya la completa ausencia de ningún control de calidad. Los editores, al parecer, solo están para decidir la selección de las noticias y su jerarquía, pero no para preocuparse de la (falta de) excelencia del contenido. No todo se debe a la aceleración con que se informa (y que dificulta de por sí el comprobar cada detalle como debiera… si hubiera intención de comprobarlo); también cuenta que cada información es una pieza de la visión general que el medio tiene de la política o del mundo en general. Los titulares dicen lo que literalmente dicen —que puede ser cierto o no, que puede ser “lo importante” de esa información o no—, y, a la vez, mediante sujetos y verbos, sugieren quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Cada casa tiene establecido un código de sobreentendidos con sus lectores, es decir, con sus afines políticamente, y como el mal menor es mantener el número de visitas no importa si el sobreentendido es fiel a la realidad, si el titular chirría o si el contenido es discutible. Ningún medio quiere disgustar a su público, por lo que si es necesario hay noticias que sencillamente no se dan.

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