Maite Nolla
El caso es que el proyecto de las veguerías ha desatado las disidencias como en La Vida de Brian o en Asterix y los Godos. En el PSC, algunos alcaldes, como el de Lérida, consideran esto una inutilidad si no va acompañada de la supresión de otros entes y la disminución de funcionarios y de cargos. Lo cual está muy bien y es muy sensato, si no fuera porque estaban más que avisados de su inviabilidad y porque, como parte de la comedia del editorial conjunto, firmaron un manifiesto de alcaldes a favor del estatuto en fechas recientes.
Otros, como el presidente de la diputación de Lérida, de ERC, han descubierto que las provincias son un elemento español, pero que el sueldo de presidente no está nada mal, sobre todo si tenemos en cuenta que gobierna porque los socialistas, que son mayoría, le han entregado el poder. Y, claro, de suprimir la diputación, nada de nada.
Otros han abierto interesantes debates de alto nivel político: ¿la veguería de Tarragona debe llamarse “Tarragona” o “Camp de Tarragona”? O, ¿dónde está la veguería del Penedés?
Pero a mí el que más ternura me despierta es el alcalde del bonito pueblo de Sort, famoso por la lotería y porque mi marido es natural de allí, por más que diga que es de Valladolid. Pese a ser nacionalista, el alcalde se ha caído del caballo y ha dicho que lo que necesita el Pirineo no es una veguería sino una carretera. Sinceridad rural.



February 6th, 2010 on 12:55 am
Usar los términos “sinceridad” y “rural” en una misma frase suele ser síntoma de coherencia… el mundo rural es duro y, sobre todo, sincero.