¿Ideología? Sí, como todo el mundo pero, en mi caso, lo más lejos de los partidos políticos. Esta empieza a ser una opinión generalizada entre la intelectualidad (“intelectuales”, ¿recuerdan? fue hace unos años considerado un insulto). Si el nacionalismo es fe, la ideología es religión y monoteista, claro. Los marxistas -¿todavía queda alguno?- creen en “una especie de paraíso sin clases” y los nacionalistas en el hecho de que con la independencia “se resolverán todos los conflictos”, dejó escrito Teresa Giménez Barbat en su diario escéptico con toda la razón ponderada que corresponde. ¿Todos los conflictos resueltos con la independencia? ¿Todos?

El consejero de Medio Ambiente y Vivienda de la Generalidad, el dirigente de ICV Francesc Baltasar, alcalde de San Feliu de Llobregat durante 21 años, que entiende lo del cargo público como algo familiar, resulta que, según parece, militando ya en el PSUC y un año antes de ser nombrado secretario general del partido en el Bajo Llobregat le abrió la cabeza a un policía con un ladrillo en una de las trifulcas de los primeros setenta en las facultades barcelonesas. Una anécdota, claro. Pero, ¿es necesario este pedigrí antifranquista?

Fabián Estapé, economista, formó parte del equipo que teorizó el Plan de Desarrollo mano a mano con los dirigentes del Opus Dei que figuraban en el Gobierno del final del franquismo. ¿Y luego? En 1990 recibió la Cruz de San Jordi con Pujol en el Gobierno autonómico. ¿Alguien sabe algo de la sociedad que pusieron en marcha Narcís Serra y Miquel Roca para meter la cabeza en el mundo de las centrales nucleares cuando nadie hablaba de transición política y menos de democracia en el franquismo? Son solo un par de anécdotas más, claro.

¿Alguien recuerda una de las primeras medidas del comisario ideológico del diario Tele-Exprés un tal Juan Antonio Samaranch exigiendo a su director la lista de los periodistas con su tendencia política por haber aparecido un texto en contra de la pena de muerte? En fin, un anecdotario catalán. Infinito, por cierto.

Y así podríamos llenar bytes y bytes. Lo que debería aclarar el Gobierno de Zapatero es el lugar exacto en el que va a situar la línea de la limpieza memorística y cainita entre españoles, ¿juzgamos a Fraga por haber sido ministro de Franco y no a Estapé por haber ejercido como rector de la Universidad de Barcelona? ¿Juzgamos a todos? Nos quedaremos cuatro y el gato. Bueno y depende qué gato.