Venía un comentario reciente, en la web de Foreign Policy, acerca de las consecuencias de las sanciones que el Gobierno de los Estados Unidos ha ido imponiendo a determinados países no democráticos y como estas han podido perjudicar más a la resistencia u oposición interna que al establishment que se quiere aislar y presionar. Así, el ejemplo concreto que traía FP trataba de la imposibilidad de publicar publicidad a través del Adsense de Google en las webs de Irán.
Es cierto, no tiene sentido que el Gobierno estadounidense prohíba, mediante sanciones económicas y bloqueos determinados, que una empresa como Google pueda gestionar la publicidad en las webs de noticias sociales. Apunta Evgeny Morozov que, en realidad, esta medida está perjudicando a los que desde la oposición al régimen integrista iraní pretenden dar a conocer las noticias que los medios del Estado no quieren (o no pueden) difundir.
Así, son los modestos medios de la oposición (en ocasiones ilegales en el país asiático y, desde luego, todo tipo de blogs) quienes más necesitan cualquier tipo de financiación -y Adsense puede serlo si se tiene un importante número de visitas, que sí se da en el caso iraní por la relevancia de este país en la geopolítica mundial- y no los grandes medios de comunicación en internet (también privados de la publicidad del gigante estadounidense) que están cuando menos bien financiados.
No deja de ser curioso, a la vez que dramático, que sea una decisión del Gobierno de los Estados Unidos la que contradiga (si bien indirectamente) al origen de la toma de decisión de la medida. Mas cuando Google se ha posicionado, hace unos días, a favor de los ‘refugiados digitales’ y de la libertad de expresión en internet.
Es decir, que si la presión y las sanciones económicas tienen como último fin el establecimiento de unos regímenes de (más o menos) libertad y democracia (nadie debería dar por sentado que esto fuera a tener un coste gratuito) son precisamente estas sanciones las que, al menos de momento, penalizan a los defensores de este sistema. Con el agravante de que, en muchos casos, se están jugando la vida. Aquí cabría, pues, el clásico ‘cornudo y apaleado’.
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