A las 4.45 de esta madrugada (2.45 GMT), han vuelto a sonar cañonazos en Gdansk, la antigua ciudad libre de Danzig. Como hace 70 años, cuando el buque de guerra alemán Schleswig-Holstein disparó contra la base militar de Westerplatte -que contaba con 182 defensores del puesto, que resistieron a 3.000 alemanes durante siete días cuando estaba previsto que cayeran en 12 horas-, en las afueras de la ciudad polaca, los primeros disparos de la II Guerra Mundial, el mayor conflicto armado de la historia de la humanidad, que se saldó, seis años más tarde, con casi 60 millones de muertos. A la misma hora que disparaba el buque de guerra alemán, su ejército iniciaba la invasión polaca. Dos días después, Reino Unido y Francia declaraban la guerra a Alemania, que se había anexionado Austria meses antes.

[Times, 2 de septiembre de 1939]

La excusa para la entrada aleman en Polonia fue un supuesto ataque a una emisora de radio para el que disfrazaron a presos comunes y que nadie creyó. El plan de Hitler era atacar por tres flancos: por la ciudad de Danzig (con elevada población alemana), por el oeste y por el sur. Los alemanes contaron con el beneplácito de Stalin -con el que habían firmado un pacto en agosto-, que entró en Polonia dos semanas después para pillar su parte del pastel polaco. Se estrenó la Blitzkrieg o guerra relámpago: las fuerzas acorazadas apoyadas por bombardeos frente al ejército polaco, aún amparado en su caballería. Las cifras resultan demoledoras: más de 3.000 tanques en un bando y 600 carros de combate en el otro.

[La Vanguardia, 2 de septiembre de 1939]