Si no hay fotografía, no hay muerto
Está bien, como si no publicar la fotografía de la muerte evitase la muerte. Como si no publicar las fotografías evitase las muertes. Está bien, no mostremos la fotografía, no mostremos la noticia. ¡Relativicemos la muerte! ¡Cuánto molesta la vida, es decir, la muerte! ¡Cuánto mal ha hecho el catolicismo ramplón! Algunos males. El primero, que un medio de comunicación digital defienda la no publicación de la fotografía en su portada pero la publique en la sección de fotografías de su portada. El segundo, una cuestión de tiempos, de velocidades, que se pueda publicar pero después de que sepa la familia del muerto que está muerto. El tercero, que se pueda hacer humor gráfico pero no periodismo fotográfico. El cuarto, que se hable de intimidad o imagen cuando uno corre delante de un toro por las calles de Pamplona o enseñe sus tetillas en una playa de Jamaica. Y, el quinto, una cuestión kilométrica, ¿muertos de Irán, China u Honduras? Sí, que están lejos ¿muertos de España? No, que son nuestros.

Comentarios
No es correcto, yo no dije que era una cuestión de tiempos, para mí no había que publicarla porque no agrega información. Ni antes de que se entere la familia ni después. Y no tiene nada que ver con el catolicismo…
Marilín,
…esto es lo que ha publicado en su blog: ‘Y yo me pregunto hasta dónde llega la reivindicación del periodista que quiere mostrar la cara de un muerto cuando todavía la familia no lo sabe.’ Ese ‘cuando todavía’ justificativo permite el argumento del contenido de la frase. Por otro lado, no me negará que la ocultación de la muerte -es decir, de la vida- no tiene algo de católico ramplón.