Si no hay fotografía, no hay muerto

Está bien, como si no publicar la fotografía de la muerte evitase la muerte. Como si no publicar las fotografías evitase las muertes. Está bien, no mostremos la fotografía, no mostremos la noticia. ¡Relativicemos la muerte! ¡Cuánto molesta la vida, es decir, la muerte! ¡Cuánto mal ha hecho el catolicismo ramplón! Algunos males. El primero, que un medio de comunicación digital defienda la no publicación de la fotografía en su portada pero la publique en la sección de fotografías de su portada. El segundo, una cuestión de tiempos, de velocidades, que se pueda publicar pero después de que sepa la familia del muerto que está muerto. El tercero, que se pueda hacer humor gráfico pero no periodismo fotográfico. El cuarto, que se hable de intimidad o imagen cuando uno corre delante de un toro por las calles de Pamplona o enseñe sus tetillas en una playa de Jamaica. Y, el quinto, una cuestión kilométrica, ¿muertos de Irán, China u Honduras? Sí, que están lejos ¿muertos de España? No, que son nuestros.