Ya sabemos para qué sirven los parlamentos regionales en España. Al menos el de Cataluña. Este miércoles, durante un pleno en el que se ha aprobado la primera Ley de Educación de Cataluña (LEC) que merece una mención especial, se ha llevado a cabo otro de esos aquelarres nacionalistas que tanto gustan por estas tierras, mi tierra. Para esto, nada más, han quedado las cámaras autonómicas. El fenómeno estudiado ha recibido el nombre de caciquismo a lo largo de la historia, especialmente durante el siglo XIX.
Joan Solà i Cortassa, lingüista, dice la Wikipedia, ha tomado la palabra desde el atril del Parlamento autonómico de Cataluña. Técnica y oficialmente la participación de Solà se encuadra en el apartado ‘intervenciones en el Pleno de personalidades relevantes’ y ha sido propuesta por la Junta de portavoces de los grupos parlamentarios menos el del Grupo Mixto que no pertenece a esta Junta con la negativa del Grupo Mixto.
El señor Solà ha podido participar en el pleno parlamentario -en realidad ha sido un discurso, sin intervenciones de los grupos políticos- porque recientemente recibió un premio: Premio de Honor de las Letras Catalanas. Galardón que reciben las personas que se hayan distinguido por su obra literaria, científica o intelectual, escrita en lengua catalana; y dotado con 10.000 euros. El premio se otorga desde 1969.
Lo increíble -aunque parezca mentira, la política regional todavía puede sorprender- es que el premiado por una entidad cultural y política privada (al margen de la subsistencia de esta basada en las subvenciones públicas, claro), Òmnium Cultural, pueda hablar en el Parlamento autonómico de Cataluña durante una sesión ordinaria en el hemiciclo. ¿Se imaginan a, por ejemplo, la recientemente premiada con el Nacional de Cine, Maribel Verdú, discursando desde el atril del Congreso de los Diputados tras el enésimo rifirrafe entre Zapatero y Rajoy? Pues ni eso, al fin y al cabo el Nacional de Cine lo entrega el Ministerio de Cultura; en este caso, el Premio de Honor de las Letras Catalanas lo otorga una entidad político-cultural totalmente ajena al ámbito público.
Y esto solo en las formas, sin entrar a valorar, evidentemente, el discurso del señor Solà -basado en la poética idea de que la lengua catalana se muere porque, conseguida su obligatoriedad y exclusividad de uso en las aulas y ámbitos administrativos públicos, ¡mierda! la ciudadanía cuando sale a la calle utiliza la lengua que le da la gana-. Todo ha sido muy poético, desde luego. Un Solà despedido con aplausos por los diputados autonómicos de CiU, ERC, ICV-EUiA y… ¡hasta los del PSC, con todo lo que ha dicho de ellos! Para esto, para esto, han quedado los parlamentos regionales.



July 2nd, 2009 on 8:30 am
El peligro de que la sociedad civil no coja el toro de la oligocracia por los cuernos y lo transforme en democracia representativa es la aparición de la tiranía. Y cuanto más tardemos, más difícil será.
Por lo pronto denunciarlo ya es algo.