Àngel Duarte

Hace unos días era el propio presidente de la Generalidad, el muy honorable José Montilla, quien se refería de esta guisa -enemigos de Cataluña y adversarios del autogobierno- a los políticos del Partido Popular. Parece ser que reúnen ambas condiciones dado que no están de acuerdo con el nuevo Estatuto de Cataluña y que aspiran a que la financiación, deseando que sea mejor de la que es, se acuerde en los órganos previstos por la Constitución y las leyes que la desarrollan a tal fin. Que yo sepa, los populares tampoco ponen en cuestión la autonomía -lo que por otro lado podría ser perfectamente legítimo (tanto como el objetivo de profundizar en el autogobierno) si se hiciese con métodos pacíficos y democráticos y, por lo demás, sería un objetivo tan genuinamente catalán como el contrario- sino que lo único que ponen en cuestión es una modalidad concreta; la que se fijó en la negociación y en el proceso de aprobación del último Estatuto. Quizá los populares no vean claro el horizonte evanescente de la España plural que, en otros tiempos, pregonara Rodríguez Zapatero. Pudiera ser. Lo que no es menos evidente es que Montilla no cree, en absoluto, en una Cataluña plural. En una Cataluña de la que participen, en igualdad de derechos y de deberes, los que la consideran una nación, los que la contemplan como una región y los que, posiblemente más numerosos aunque menos ruidosos, la concibamos como un lugar de Europa en el que, como en tantos otros, se puede llevar una vida pasablemente digna. Lo que no está nada mal.

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