Enrique Dans, en su blog -el enlace del texto es mío-:

Lo sucedido con Rosa Díez nos trae un debate necesario: ¿queremos políticos que utilicen las herramientas de la red para comunicarse con su electorado de manera genuina, para acercar su gestión y escuchar la retroalimentación subsiguiente, o estamos dispuestos a aceptar que “como están muy ocupados”, todo sea en realidad una farsa impostada? ¿Debe un político ser alguien que no escribe sus discursos, ni su blog, ni sus actualizaciones en Twitter, ni su programa, ni nada, alguien que está “demasiado ocupado como para hablar directamente con sus ciudadanos”? ¿Entonces para qué lo quiero? ¿Es una figura publicitaria, un simple icono representativo? ¿Nos parece bien que la política se convierta en un mero teatro, o en la era de las herramientas de publicación personales y sencillas, le demandamos algo más?