El barcelonés Marsé es el cervantino del año. Pronto saldrán a señalarlo con el dedo. No es de los nuestros, dirán los que no valoran la literatura y se meterán de cabeza en fregaos tangenciales. Pero Marsé es Barcelona o, mejor dicho, Barcelona no puede ser sin Marsé. Como tampoco lo puede ser sin Mendoza, por ejemplo, y tantos otros, muchos olvidados. Es evidente que este Premio salda una deuda pendiente, todavía en el debe de muchos otros ilustres escritores, pese a las diferencias de criterio, siempre sanas, porque un premio literario siempre es motivo de crítica y discusión.