Uno seguía siendo un iluso. Esperaba de aquellos que han nacido al albur del presidente del Gobierno, el nuestro, un poco más de decoro. No sé, eso de la presunción de inocencia en el mundo del periodismo más allá de la socialdemocracia está todavía por ver; bueno, solo cuando no les interesa. Pero, claro, las pruebas, son esa cosa tan sucia cuando estalla en la cara. No han esperado ni cinc cèntims en cargar contra Carmelo González, aquel padre que osó reclamar los derechos constitucionales, tan simples, tan dolorosos, de sus hijos: poder estudiar en español en España.

Ahora González puede perder la custodia de sus hijos. El abogado de su mujer ha alegado inadaptación por querer que se aplique la Constitución. Inadaptación. ¿Se acuerdan? Sucedía en la Alemania de los años 30 del siglo XX. Es decir, todo el que se salga del régimen -el PUC (Partido Unificado de Cataluña) lo ha denominado Ivan Tubau- es un inadaptado y si el juez lo considera válido estaremos a puntito de legitimarlo. Entre el PUC y el ADN del País Vasco, esto avanza a pasos agigantados.

Esas pruebas. ¡Qué indigno! ¿Cómo se te ocurre presentar pruebas del bilingüismo en Cataluña? Sí, esas pruebas