Hoy he vuelto a llorar. Me pasa, desde el pasado 3 de junio, cada vez que pienso en la madurez de la vida, en la enfermedad, en el sufrimiento, en dar todo por los tuyos, por tu familia. Alguien ha entrado por la puerta del cielo y lo va a llenar. Era pequeño, menudo, pero su interior era el más grande del mundo. Hoy, un tanatorio barcelonés -de nuevo cuño, ¡maldita la gracia!- ha podido conmigo. No ha sido el único, pero sí el último en hacerlo. La madre de un compañero, de un amigo, está ya allí, junto a él. Le he pedido que le dé un beso de mi parte. Cambiaría todo lo que tengo, y todo lo que tendré -todo lo que puedo dar-, por dárselo yo, pero mi cobardía me lo impide. Y yo, que venía a llevarme la vida por delante…



September 21st, 2008 on 3:32 am
Un abrazo, Daniel.