Este verano nos ha dejado sin hacer ruido informativo -amén de dos o tres buenos blogs, ni les cuento en lo referente a lo digital- una de esas revistas, semanales y en papel, de las que todos deberíamos estar orgullosos de su existencia. Ya es tarde.
Su director, en el Periscopio del último número (‘provisionalmente’, según el editorial), se pregunta, no sin una cierta pena y resignación combativa, por qué una revista en España está condenada al fracaso cuando existen -pone ejemplos- buenas de ellas en otros países de nuestro entorno. Evidentemente, el director, que lo fuera también de un excelente programa de televisión a finales de los setenta en TVE y a principios de los noventa en Antena 3, del cual el nombre de la revista y el televisivo espacio ya van inexorablemente ligados a su nombre, no se refiere a una revista cualquiera.
Exacto. Como escribe Martín Prieto, en ese mismo último número (379) en la sección de El Binóculo, ‘son estos tiempos malos para la lírica e impera la regla del mínimo común denominador’, por lo que ‘la mejor revista de información general que había en España’ no puede seguir publicándose, su cierre no es una paradoja ‘también la excelencia se penaliza’. O, lo que es lo mismo, sin tetas, sin chismorreos, sin toreros, sin salsa rosa, sin confidenciales, sin bajarse los pantalones a las presiones políticas… una revista de papel no puede sobrevivir en España. Sin esto y sin subvenciones, claro.


