El accidente de Barajas -ya van 154 muertos y todavía hay dos en estado muy grave- sigue dejando portadas de los grandes para un curso de ética periodística. Hemos pasado de tener culpable en menos de 24 horas, cuando la investigación de expertos puede tardar en dar una respuesta hasta un año o año y medio, a titular e informar tal y como nos venga en gana.

Lamentablemente, esto ya no es cosa solo del verano, temporada, ya se sabe, en la que se permiten más licencias -¡coño! hay que llenar un diario- y cualquier cosa sirve para abrir un periódico -la imagen al mundo-.

La Razón trae este domingo, el penúltimo de agosto pero el último del verano, un titular, un gran titular, el gran titular: ‘Spanair descarga responsabilidad sobre el piloto’. Sin más. Lavándose las manos, cual Pilatus: “No soy responsable por la sangre de este hombre”, dice en la Biblia; Spanair, dice Planeta, se lava las manos:

Pero, hete aquí, es domingo y se multiplican las ya de por si bajas ventas de la prensa en el quiosco y alguno -alguno, ¿seguro?- habrá que lea más de un diario, que por casualidad sea El País, por casualidad, digo. Y entonces leerá esto: ‘Spanair descarta un error del piloto en la tragedia de Barajas’, como bastón ayudando a las palabras del director de Recursos Humanos de la compañía aérea, con las que abre Prisa a cuatro columnas: “No hay ningún indicio de fallo humano en el accidente”. ¡Dios mío, en manos de quién estamos! Hemos creado una nueva figura jurídico-periodística, la del inocente-culpable.

Tendremos que seguir esperando (la espera no ha hecho más que empezar) a que los expertos -existen, ¿verdad?- saquen las primeras, segundas, terceras y definitivas conclusiones. Y que a las víctimas -familiares de los fallecidos y heridos- no les falte de nada. Eso sí, por favor, que no se conviertan en el quinto poder -el cuarto, don Arcadi, no se me amedrente ahora, son los que titulan-.