Vuelvo de Roma (aunque tenía que haber ido a París), limpio de costumbrismos paletos y pueblerinos -¡magnífica frase aquella que recomendaba a los nacionalistas viajar!-. Ciudad eterna que, pese a su suciedad, huele a libertad. Libertad que tiene que ir, cómo no, ligada a la anarquía que se transmite a la hora de coger el coche o cruzar la calle por el paso de peatones. Nada que ver, sin embargo, con Zimbabwe.
Y, mientras tanto por estas tierras, algunos siguen buscando el centro…



June 6th, 2008 on 11:11 am
Hola Daniel,
simplemente quería decirte que te acompaño en el sentimiento.
Me enteré de la triste noticia hace poco.
Recuerdo lo didáctico y entretenido que es tu Padre.
Saludos.