Es interesante lo que cuenta Gemma Martínez, de Expansión, desde Manhattan. La historia, en cuatro palabras, es la siguiente: una periodista le confiesa a John McCain -candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos-, micrófono en mano y cámara abierta, que le ha votado en las primarias de los republicanos y que está convencida de que será el próximo presidente de los EEUU. La periodista, Jennifer Locke, ha sido despedida de la cadena de televisión en la que trabajaba, Fox News, de tendencia republicana, por expresar su voto en público.

Interesante es el debate posterior y desconozco si la Fox tiene entre sus normas que sus periodistas no puedan pronunciarse en público -o, más bien, durante el trabajo- acerca del voto ejercido o su preferencia a ocupar el despacho Oval de la Casa Blanca. El debate es más profundo, si cabe.

Si tiene libertad la periodista para expresar su opción política, ¿se le recorta a la cadena de televisión su libertad si no puede despedir a la empleada? Si un periodista cubre un evento para entrevistar a un político, ¿es motivo de despido que en esa entrevista el periodista dé opinión? Supongo que en España nos lanzaríamos contra la empresa, menos con las públicas, que son auténticos gabinetes de prensa del gobierno de turno, sin entrar en el fondo del debate: la buena praxis del periodista. ¿Aporta algo al debate-entrevista-charla-encuentro la opinión u opción política del periodista?

GM lo tiene claro: despido absurdo, ‘la objetividad es un mito que no siempre se traslada a la realidad’. Pero, sin embargo, quizás sí se pretenda -el mito de la objetividad- en determinadas situaciones en los EEUU ya que incluso McCain, tras recibir los halagos de Locke, le advirtió que pensaba que ella no podía comunicar a quién había votado.