Madrid y Barcelona
Bullición, movimiento, nada está quieto, culturas, mezcla, adelanto, creación, en definitiva, progreso. Las diferencias entre Madrid y Barcelona se acrecientan. No hace falta que lo diga el ex presidente del PP de Cataluña. Esta está abocada a la decadencia. A la decadencia de lo que fue y de lo que es. Y no es solo una cuestión de formalidades y legalidades. Es, ya, una cuestión de actitud.
El nacionalismo catalán ha desactivado al individuo-persona-pensante en todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana. El pensamiento-razonamiento, hoy día en Cataluña, es única y exclusivamente individual, no puede ser de otra manera. La tribu no permite el raciocinio. En otros tiempos fue la religión y el nacionalismo español. La libertad de la que gozaba Barcelona -alejada, hasta cierto punto, del oficialismo del franquismo- ha desaparecido bajo el oficialismo del nacionalismo pujolista y defendido por… ¡el PSC!
Hoy día, España, no es una cuestión de tiempos, solidaridades o necesidades. Es, ni más ni menos, una cuestión de fe. De fe en Cataluña y de cuenta de resultados en España o en la Unión Europea. No es que PSC+CiU+ERC+ICV defiendan una u otra visión de España, es que no creen en lo español, en ningún modelo: ni el centralista, ni el autonomista, ni el federal.
España sigue siendo paleta y seguimos teniendo unos gobernantes que no invierten en material humano (educación, investigación o ciencias-artes-humanidades), por este motivo solo progresarán las CCAA que sepan contrarrestar este déficit. Sin imponer más fronteras artificiales, estilo: lengua y caciquismo. Y es aquí donde Madrid está goleando -personal no pun intended- a Barcelona.


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