[’ka:stiŋ]

Francisco M. Toro

El niño flamenquito, que apenas sabe la tabla del siete a sus nueve años, intenta demostrar las otras, las tablas que se les supone a los artistas verdaderos en los escenarios. En bambalinas, el artista tirapedosasuvoluntad ultima su número antes de deleitar a los espectadores con su natural condición.

Y es que ya se veía venir: a rey muerto, rey puesto. Resultaba harto aburrido seguir con devoción las operacionestriunfo uno, dos, siete -ese gran experimento sociológico-, y los grandeshermanos en sus múltiples variantes; la gallina que ponía huevos de oro ya no sirve ni para hacer caldo, y los huevos que pone no son de oro sino de lata, de mucha lata.

Más en La Voz de Barcelona

Etiquetas:
Comentarios

No hay comentarios.

Participe...

(obligatorio)

(obligatorio)