En Cuba Encuentro, escribe Manuel Díaz Martínez sobre Fidel Castro, su renuncia y su profesionalidad como dictador:

Si a un dictador se le mide la categoría “profesional” por el alcance de su poder y la duración de su mandato, a Fidel Castro no se le puede calificar de mediocre: ha estado medio siglo haciendo lo que ha querido con Cuba y los cubanos y, además, influyendo en la política internacional desde el pequeño país que lo padece. Trágica ha sido para los cubanos la altísima calidad de Castro como profesional del totalitarismo, calidad debida a su admirable astucia política y a su total falta de escrúpulos.

Y añade, sin encontrar respuesta:

Por el mundo circula la creencia de que hay dictadores malos, como Pinochet, porque son de derecha, y dictadores buenos, como Castro, porque son de izquierda, y esta tontería forma parte del conjunto de factores que determinan la tibieza con que la comunidad internacional ha reaccionado ante la violación de los derechos humanos en la única nación con dictadura que existe en América Latina.

Por lo que:

Sin Castro será imparable la descomposición del régimen, primera etapa del proceso de transición.