A Bill Clinton el caso Lewinsky no le quitaba el sueño por lo que pudiera decirle o hacerle su esposa, ahora candidata a ocupar el número uno de los demócratas para las elecciones de noviembre en Estados Unidos, sino por haber mentido al admitir que no había tenido relaciones sexuales con la becaria más famosa de finales de los 90. El poder político (esa cúspide que crea faraones) es un caramelo que se suele atragantar.

Todavía estamos esperando que Aznar demuestre lo que afirmó desde el atril del Congreso de los Diputados, para defender su posición ante el ataque a Iraq de los Estados Unidos y Reino Unido. Armas de destrucción masiva no parece que hubiese en manos del dictador Hussein. Y pese a que España ni invadió ni estuvo en ninguna guerra, las posiciones en política exterior deberían fijarse con, al menos, argumentos y no solo convicciones, aunque se compartan, porque no se puede confiar en el máximo responsable de un país que ha mentido.

Ahora le ha tocado a Zapatero. El Mundo publica hoy una noticia, que a estas horas no ha podido ser desmentida desde el Gobierno, y que en Estados Unidos podría costarle un proceso de impeachment al mismísimo presidente.

Los hechos son conocidos. El 30 de diciembre de 2006, ETA vuela el aparcamiento de la Terminal 4 de Barajas matando a dos personas. Ese mismo día, Zapatero asegura que suspende “todas las iniciativas para desarrollar el diálogo con ETA” pero evita declarar roto el diálogo. El 3 de enero de 2007, Rubalcaba, ministro del Interior, asegura, ahora sí, que el proceso de negociación está “roto, liquidado y acabado”. El 6 de enero, Zapatero asegura que el atentado de la T-4 es el “punto y final” del diálogo.

El 15 de marzo del año pasado, el presidente, en una entrevista, confirma que “no hay ningún contacto para el diálogo” con ETA. El 20 de mayo de 2007, Zapatero, en una comida con periodistas les transmite y repite que “no ha habido ningún diálogo del Gobierno con ETA desde el atentado de la T-4 en Barajas” y que las informaciones que aseguran que los contactos existen son “un dislate”. Recientemente, en otra entrevista, el presidente admitió que los contactos se mantuvieron “con una situación ya muy deteriorada, muy deteriorada” tras el atentado de finales de 2006.

Ahora sabemos hasta los nombres de los que acudieron a las citas con ETA -31 de marzo; 14, 15 y 16 de mayo; y 21 de mayo- tras el atentado de Barajas. Y no es por acudir a un encuentro con ETA, por lo que se debe criticar al presidente del Gobierno. Al fin y al cabo es una opción más: negociar o no negociar. Pero lo que no se puede aceptar es no haber dicho la verdad a los ciudadanos.