Carta del bar del Palau de la MúsicaCuando hablan los especialistas, es decir, cuando los políticos callan, las palabras se levantan por encima de las imposiciones. Elisabeth Coelho explica, en La Contra de La Vanguardia de hoy, las bondades del multiculturalismo y el bilingüismo: la oportunidad que significa la escuela, hoy día, para conocer otras culturas, para conocer cómo es la sociedad, para conocer a los conciudadanos… es la oportunidad de no encerrar en “una burnuja” a los niños. El principal problema sucede, sin embargo, cuando se politiza el asunto lingüístico.

Coelho explica la importancia de que se eduque a los niños en la lengua materna de estos y, conocedora de la situación canadiense, asegura que el Gobierno “invierte cantidades ingentes en que cada niño pueda mantener la lengua materna y estar orgulloso de ella: sea urdu o swahili. Tenemos un programa educativo muy popular que permite a niños seguir estudiando también en esa lengua”. Para, a continuación, admitir que no puede garantizar que la inmersión lingüística, a la catalana, sea el mejor método de aprendizaje. Lógico. El ejemplo importado de Canadá se ha modificado al gusto político de turno para aplicarlo en las escuelas catalanas.

Explica Nacho de la Fuente en La Huella Digital, uno de los mejores y más influyentes blogueros, el caso de una ciudadana que, siendo de Madrid y viviendo en La Coruña, ha tenido problemas para rellenar una documentación del Servicio Gallego de Sanidad, después de dar a luz. Los papeles y carteles públicos del centro sanitario están solo en gallego. “Algo incomprensible en una sociedad moderna que presume de abierta, plural e integradora, pero que peca de excluyente”, asegura De la Fuente.

El sábado, en el Palau de la Música, pude comprobar otro caso de sociedad pecaminosa. La fotografía adjunta muestra la carta del bar del Palau: solo en catalán e inglés. No creo que eso sea una cualidad de “sociedad moderna que presume de abierta”. Aunque, existe una diferencia entre el caso del Palau y el de el Servicio Gallego de Sanidad. Este es un servicio público -por lo que no debería excluir a ninguno de sus clientes, es decir, los ciudadanos gallegos- y aquel un centro privado -pese a que sobrevive gracias a las subvenciones públicas-, que es libre de utilizar la lengua o lenguas que quiera.

Defiendo que todos los servicios públicos, en Cataluña, atiendan a los ciudadanos en catalán. Que los que deseen recibir toda la documentación de las instituciones públicas en Cataluña en catalán lo puedan hacer, es su derecho. Creo que pocos ejemplos de lo contrario se pueden encontrar, hoy día, pero si los hay que se ponga remedio. Pero no es un derecho menor que el que lo desee pueda ser atendido en castellano en todos los ámbitos públicos catalanes: sanidad, educación, turismo… Es aquí donde radica la diferencia entre los que quieren poner solución a un problema de derechos y los que quieren aplicar la política sin permitir la libre elección a los ciudadanos.